Un elefante va a la ciudad

< Rosa Goes to the City

En medio de una gran ciudad, había un pequeño zoo en el que vivía un bebé elefante. Se llamaba Rosa. El vigilante del zoo quería mucho a Rosa y cuidaba de ella en todos los aspectos. Muchos visitants venían a ver a Rosa y la observaban fascinados, cuando se comía de golpe ¡una docena de bananas! Rosa estaba muy bien cuidada, pero echaba de menos la compañía de otros elefantes.

Un día, después de dar de comer a Rosa, el vigilante olvidó cerrar la puerta de su jaula. ¡Y Rosa se escapó en seguida! Primero, se encontró con un vendedor de helados que estaba al lado de la carretera. Cuando vio a Rosa echó a correr. La curiosa elefantita hundió su trompa en la caja de helados. Tenía un sabor tan helado, dulce y delicioso, que simplemente se lo tragó todo.

Rosa siguió andando, buscando a alguien con la mirada. Por fin, dentro de una tienda, ¡vió una manada de elefantes en una pantalla de televisión!
“¡Amigos!” pensó y entró en la tienda. Todos los que estaban dentro de la tienda se escaparon corriendo, dejándola sola. Rosa intentó hablar con los elefantes de la televisión pero nadie respondía. Confusa y decepcionada salió de la tienda.

Al regresar a la calle, vio a un vendedor de cocos, vendiendo cocos. “¡Uau! ¡He encontrado una pelota! “¡Es hora de jugar!” gritó dando un puntapié al coco que salió por los aires. Éste voló al otro lado de la calle, y aterrizó justo al lado de un niño que jugaba en el parque. Rosa cruzó corriendo la calle
decidida a recuperar su coco-pelota. Los coches chirriaban, los autobuses tocaban la bocina y los conductores empezaron a gritarse los unos a los otros. ¡Rosa había provocado un atasco! La policía de tráfico acudió para controlar la situación. El zoo fue informado.

Ignorando la conmoción a su alrededor, Rosa simplemente se fue corriendo al parque. Se detuvo frente al niño que le estaba sonriendo. Él bromeando daba palmaditas a la elefantita. Rosa, que respondió trompeteando con alegría a su nuevo amigo. Para entonces, el vigilante del zoo ya había llegado
al parque. Al ver a Rosa en el espacio libre del parque, comprendió que ella nunca sería feliz en una jaula.

El zoo trasladó a Rosa a una selva protegida, lejos de la ciudad, donde muchos otros elefantes vagaban en libertad. Rosa creció muy feliz. Ahora, en vez de observar a Rosa detrás de los barrotes en una estrecha jaula los visitantes podían verla, en medio de los árboles, ¡todavía tragándose docenas de bananas!

UK and US English

In the middle of a big city, there was a small zoo, and inside lived a baby elephant. Her name was Rosa. The zookeeper loved little Rosa very much and cared for her in every possible way. Many visitors came to see Rosa and watched in fascination as she ate a dozen bananas in one go. Rosa was well looked after, but she missed the company of other elephants.

One day, after feeding Rosa, the keeper forgot to lock the door of her cage. Soon she was out of the zoo! First, she came across an ice cream vendor standing by the roadside. He saw Rosa and ran away. The curious little elephant stuck her trunk into the icebox. Something tasted so cold, sweet and delicious that she simply gulped it all down.

Rosa kept moving about, her eyes searching for someone. Finally, inside a shop, she saw a herd of elephants on a television screen. “Friends!” she thought, and marched into the TV shop. Everybody inside the shop ran out, leaving her alone. Rosa tried talking to the elephants on the TV screen, but they didn’t reply. Confused and disappointed, she walked out.

Back on the street, she saw a coconut-seller, selling coconuts. “Wow, I’ve found a ball! It’s play time now!” she cried and kicked a coconut high into the air. It flew across the road and landed right beside a boy playing in the park. Rosa ran across the road, determined to get her coconut-ball. Cars screeched, buses honked, and drivers began to yell at each other. Rosa had created a traffic jam! The traffic police moved in to take control. The zoo was informed.
Ignoring the commotion around her, Rosa simply ran into the park. She stopped in front of the little boy, who was smiling at her. He giggled and patted the elephant. Rosa trumpeted back with excitement at her newfound friend. By now, the zookeeper had reached the park. Seeing Rosa in the open space of the park, he understood that she would never be happy in a cage.

The zoo transferred Rosa to a protected forest, away from the city, where many other elephants roamed freely. Rosa grew up very happily. Now, instead of watching Rosa behind bars in a cramped cage, visitors could see her among lots of trees, still gulping down dozens of bananas!